‘Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles’, Chantal Akerman, 1976

Jeanne Dielman - CartelTítulo original: Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles; Bélgica, 1976; Productora: Paradise Films / Unité Trois; Directora: Chantal Akerman; Fotografía: Babette Mangolte; Guión: Chantal Akerman; Reparto: Delphine Seyrig, Jan Decorte, Henri Storck, Jacques Doniol-Valcroze, Yves Bical; Duración: 201′

“En mi obra hay una voluntad de silencio, un deseo de callar para decir más en otra ocasión. […] Hoy todo se muestra de forma absolutamente literal, las imágenes bullen, pero nada sucede. Estoy muy de acuerdo con Proust cuando dijo que hacen falta nuevas estrategias para hablar de lo importante.” (Chantal Akerman)

Sinopsis:

Jeanne Dielman es una mujer viuda y ama de casa como tantas otras, con una vida extremadamente ordenada y rutinaria en la que las labores propias del hogar y la reproducción de la vida son su principal ocupación. Jeanne vive con un hijo estudiante, con el que se comunica poco, y se prostituye para ganar algún dinero. Todo en su vida transcurre con agobiante normalidad, pero un día el orden comienza a verse alterado.

Comentario:

Jeanne Dielman, para un observador superficial, puede parecer una película que no cuenta apenas nada. Nada más lejos de la realidad. La aparente simplicidad de su estructura y de su historia no es tal, más bien al contrario. Son muchas las interpretaciones y lecturas que se pueden hacer de una obra tan compleja como Jeanne Dielman. De todas ellas nos centraremos en el tema que nos ocupa, el trabajo, aunque pueda parecer extraño, porque esta película no suele aparecer en las listas de obras que tratan sobre ese asunto. Y sin embargo nosotros creemos que en pocas ocasiones la mirada de un director, directora en este caso, se ha mostrado tan atenta e interesada en los detalles del trabajo cotidiano, pocas veces éste ha estado tan en el centro de la trama, como eje conductor casi único de los aconteceres y sentimientos de la protagonista, en lugar de como simple ambientación de un carácter cuya peripecia se construye en realidad en los tiempos fuera de lo laboral. Eso sí, los trabajos de la protagonista han sido y son tan depreciados – y despreciados – e ignorados por el reconocimiento social, que no es de extrañar que puedan pasar desapercibidos para una mayoría. ¿Jeanne Dielman una película sobre el trabajo? Sí, Jeanne Dielman es, sobre todo, una película sobre el trabajo y sobre una rebelión laboral. Jeanne Dielman se subleva contra las condiciones impuestas, en su caso autoimpuestas. La Jeanne Dielman que abre la película es prácticamente un autómata. Pero en solo tres días su mundo se trastoca.

Jeanne Dielman 1

Tres días escasos de la vida de una mujer viuda, madre de un hijo todavía estudiante, narrados con precisión y detalle. Para ganarse la vida, Jeanne se prostituye en su propia casa, en el lecho que fue conyugal, algo que para algunos tendrá una cierta importancia, incluso para la propia Jeanne podría tenerla si es que alguna vez hubiese querido a su marido. Sí, nos muestra la vida, con todas sus aburridas rutinas, pero es que casi todo en la vida de esta mujer es trabajo. Salvo los cortos ratos de descanso en soledad, almuerzo en soledad y la silenciosa cena compartida, seguida de breve paseo nocturno con el hijo, el resto del largo día se completa con el cuidado del hogar, la compra, la comida, el cuidado del bebé de la vecina y la atención al cliente diario. Sus tiempos están marcados, no hay lugar apenas para la improvisación.

Akerman se muestra estricta en su planteamiento, sabe lo que quiere transmitir y lo hace de forma valiente, comercialmente suicida, extremadamente radical en su simplicidad formal. Su minimalismo exige del espectador una actitud activa como en pocas ocasiones, si no piensas, si no te entregas, quedas irremediablemente fuera. Casi sin palabras, pura imagen que transmite detalles significativos pero sutiles, planos eternos soportados admirablemente por Delphine Seyrig, la estrella francesa de ‘El año pasado en Marienbad (L’annèe dernière à Marienbad, 1961)’ de Resnais. Una película de doscientos minutos para contarnos un periodo bastante corto, sobre alguien a la que según los cánones clásicos del cine al que estamos acostumbrados no le ocurre nada digno de mención hasta la parte final de la cinta. Una falacia, claro, porque a Jeanne le ocurren muchas cosas, lo que pasa es que le ocurren muy dentro. Y para descubrirlas tenemos que invadir su intimidad, pero Akerman lo hace de forma respetuosa, con la cámara siempre fija, siempre en las mismas ubicaciones dependiendo de la estancia donde discurre la vida, un ojo indiscreto que pareciera que busca pasar desapercibido, no moverse para no molestar, de modo que en muchas ocasiones los movimientos del personaje lo dejan fuera de cuadro.

También se muestra discreta en las relaciones con los clientes, de las que solo nos enseña la llegada y la despedida, manteniéndonos fuera de la alcoba donde se realiza el trabajo. No es sólo ni principalmente una elipsis, ese oscurecimiento brusco que nos dice que ha llegado la noche, es un soberbio fuera de campo, porque literalmente nos quedamos fuera, en el pasillo, mirando la puerta y viendo pasar el tiempo. La primera vez preguntándonos qué ocurre hasta que después lo descubrimos con el pago de honorarios. Al día siguiente sabiendo lo que está ocurriendo dentro pero sin verlo, no es necesario. Escenas gemelas que son distintas porque nuestra información es distinta, cine puro.

Jeanne Dielman 2

Esta es de las pocas cosas que no podemos ver, porque el resto se nos muestra sin ninguna dulcificación, sin concesiones al espectador, minuto tras minuto en planos tan largos y monótonos como la vida de Jeanne Dielman. Un planteamiento necesario para la historia que se nos cuenta y que transmite a la perfección el hastío, llegando casi a angustiarnos. En muchas ocasiones ha hablado el cine de la alienación que supone el trabajo mecanizado en la fábrica, pero muy pocas veces se nos ha mostrado como aquí la alienación del trabajo doméstico, su aplastante rutina, su soledad. Sin embargo, aquí la rutina no está impuesta por los procedimientos de máximo rendimiento y productividad, sino que se autoimpone. Cada tarea diaria, repetida de la misma forma, a la misma hora, llegando hasta la manía, es un anclaje que ayuda a continuar, a no parar, a gastar el tiempo, a no plantearse la ausencia de gratificación del trabajo por hacer. Diríamos que ayuda también a no pensar, pero eso no es siempre así. En los breves momentos de reposo, largos para el lenguaje cinematográfico al uso, cuando nada, por nimio y anodino que sea, nos distrae de intentar ponernos en la piel de la protagonista, pensamos con ella y se nos encoje el corazón. Atados a la butaca no podemos echar mano de nuestros propios anclajes para huir hacia adelante, y vienen a nuestra memoria nuestras madres, nuestras abuelas, nuestras mujeres, nosotras mismas, y mirando a Jeanne entendemos lo que siempre hemos sabido, pero hemos preferido no saber.

Pero poco a poco, de forma sutil, como todo en la película, el orden empieza a verse perturbado. Así, tras un primer día en el que todo sale bien, vivimos un segundo día plagado de señales que aumentan a lo largo del tercer día hasta producir la gran explosión. Algo se revela en la cabeza de Jeanne, algo la distrae, y las cosas empiezan a no funcionar. La sopera donde guarda el dinero ganado se queda abierta, ya no se cumplen los horarios, la cena no sale bien, el café está malo, las cosas no están en su sitio, ¿o será que ese no era su sitio?, la distracción interrumpe la continuidad de la labor, hay suspiros y ganas de ver qué ocurre en la calle, sobra más tiempo del debido entre una tarea y otra, algo muy peligroso, porque aumenta también el tiempo de pensamiento… De esta manera, ese incremento del desorden nos lleva hasta la primera y única vez en la que entramos con Jeanne en el dormitorio mientras está trabajando. Y es allí cuando la rebelión de Jeanne se completa, con sufrimiento, porque así suele ser siempre la toma de conciencia.

Jeanne Dielman 3

Jeanne siente, quizá por primera vez desde que se casó. ¿Placer? ¿Sufrimiento? ¿O ambos? Jeanne decide romper sus cadenas. Jeanne actúa, y desde luego no de forma impulsiva, porque eso no va con su forma de ser. Jeanne, a pesar de todo, es por fin libre.

Y ahora sí, tras la revolución, puede sentarse tranquilamente a pensar, o a sentir, o a lo que quiera. Ya está en paz. Liberada. Se acabó el trabajo, ya nada, nunca, volverá a imponerse sobre su vida.

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5 respuestas a ‘Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles’, Chantal Akerman, 1976

  1. David dijo:

    No tenía noción alguna de la existencia de esta película, bravo por la reseña has conseguido que me entren verdaderas ganas de visionarla.
    Un cordial saludo.

  2. CyT - GCPG dijo:

    Bueno David, nos alegramos mucho de que te hayan entrado ganas de ver la película, solo esperamos que no nos odies por ello. ja ja ja.

    Es broma claro. A nosotros nos gusta mucho, esperamos que a ti también. Esta de esas películas en las que no hay medias tintas, o te parece una pasada o un petardo, ya nos cuentas en qué bando te sitúas.

    Lo que es indudable es que hay que echarle un par de narices para atreverse a hacer algo así y que todas las que han padecido en silencio la condición de ama de casa se merecían un análisis como éste.

    Recuerdo cuando era joven (más joven, je je), a mi madre sentándose derrengada a la mesa por las noches, para la cena, sacándose de encima un profundo suspiro y diciendo, como para sí: “hay que ver qué largos se hacen los días”.
    Cuando vi Jeanne Dielman terminé de comprender qué quería decir.

  3. ricar2 dijo:

    Creo recordar que la pusisteis en DULM hace un tiempo y me dio pereza porque era muy larga. Allí se quedó. Recuerdo que una vez, cuando iba a EGB, la profesora me estaba haciendo preguntas sobre mi familia. Cuando me preguntó en qué trabajaba mi madre le dije “No trabaja”. Me miró y se rio. ¡Vaya si trabajaba!

  4. Ricar2 dijo:

    ¿Por qué cada vez que escribo un comentario me aparece un avatar de la Gallina Caponata rosa? ¿Es un sistema de inteligencia artificial que te asigna un dibujillo según tu edad mental estimada?

  5. CyT - GCPG dijo:

    Jajajaja, muy bueno, Ricar2. No te asustes que no es eso… Creo…

    Se supone que son monstruos, pero la verdad es que el que te ha tocado parece una pelusa con alas. Alguna vez me ha parecido ver algo parecido por casa jajajaja

    Creo recordar que esta peli sí que estuvo por ahí. Dura más de tres horas, pero si entras en ella no se hace tan larga. Eso sí, como no entres….

    Lo otro, podríamos decir que son cosas de niños. El problema es que estas “cosas de niños” reflejan muchas veces lo que les estamos inculcando y lo que están viendo. Y, ojo, que me refiero a la sociedad en general, no solo a sus padres. Porque me apuesto lo que quieras a que una gran parte de la población no considera que el trabajo doméstico sea trabajo.

Comentarios

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